La investigación, liderada por el gastroenterólogo Andrés Acosta, M.D., Ph.D., de Mayo Clinic en Minnesota, analizó a 483 adultos con obesidad y logró diferenciar tres tipos biológicos de la enfermedad. Aproximadamente uno de cada cuatro participantes presentaba niveles más bajos de GLP-1 y otras hormonas que ayudan a sentirse saciados después de comer, un vaciamiento gástrico más rápido y mayor sensación de hambre tras las comidas.
Este subgrupo, que corresponde al fenotipo del ‘intestino hambriento’, perdió en promedio un 21,5 % de su peso corporal tras seis meses de tratamiento con tirzepatida, frente al 11,7 % registrado en los pacientes con otros subtipos. Los investigadores encontraron que la reducción hormonal se asociaba con una menor producción en el intestino, y no con diferencias en el microbioma intestinal.
Los autores advierten que, aunque los resultados acercan la medicina de precisión al tratamiento de la obesidad, serán necesarios estudios prospectivos antes de que este enfoque pueda incorporarse a la práctica clínica habitual. La obesidad afecta a millones de personas en el mundo y aumenta el riesgo de diabetes, enfermedades cardíacas y ciertos tipos de cáncer.
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