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viernes, septiembre 24, 2021

Nunca apareció la Olla

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Por:  Martha Patricia Moreno Moreno – Directora: Noticia de la Noticia

En la cotidianidad de lo absurdo, les voy a contar sobre la olla que se les perdió, a los huelguistas del Paro Nacional en las riveras de Rio chiquito de Sogamoso, cuando en una de las tormentas con los custodios del pueblo, entre carreras, ofensas compartidas, empujones y torpezas, se les perdió la olla de la aguadepanela.

Todo un apocalipsis hecho a mano, e imperdible para esta crónica. Pues entre la manada de espectadores, Yo la primera, vi a los manifestantes que soportando una tarde con frio de perros y una brisa asesina; caminaban con su cara de: “No me aguanto tanta injusticia” Y portando    sus carteles a modo de manto, como sombrilla, cargaban también su indignación intacta.

El propósito de los manifestantes, era hacer una acampada itinerante, pero en aquel tire y corra, se les perdió la olla, y hace falta estar muy desesperado como para comenzar también una huelga de hambre.

Trescientas almas en Sogamoso, entre comerciantes, obreros, ambulantes, mujeres, mendigos, emigrantes, estudiantes, y algunos perros con ojos de melancolía desesperada, salieron a protestar: Porque ni el trabajo, ni la vida, ni la suerte de la olla les estaba saliendo. Entonces decidieron utilizar la viveza criolla, como la que harán los de la vacuna; que no es otra presteza que llamar a un amigo de un amigo, que tiene una amiga en la plaza Seis de septiembre, y ¡listo el asunto!

Digo, a juzgar   por las imágenes que así fue:  En una noche de espanto, mientras llovía con ese olor afligido, a tierra mojada y    sudor provinciano, se apareció don custodio, quien como un alumno aventajado de los rojos; los azules; los amarillos; y los verdes; Aprendió a proporcionar los pequeños deleites que emocionan al pueblo, y les regaló su olla nueva, la cual cubrió sutilmente con su ruana empapada de populismo. El muchacho hizo bien en querer limpiar de cualquier infamia su pulcritud administrativa.

Se suele creer que esas cosas solo les pasan a otros, por desgracia es que a todos nos caerá brutalmente, cuando al estado se le rompa la olla; se acaben las políticas de asistencialismo y a los pobres se nos acabe el aguante.

Ecos de un colectivo local que reflejan el drama del país en este año inmóvil, con 4 millones desempleados, que antes de pandemia eran pobres, y ahora 21 millones de colombianos, atraviesan el límite a la pobreza absoluta.

Entre paréntesis. El gobierno retiro el proyecto de reforma tributaria, ¡Que descanse en paz y que la providencia le conceda el alivio de la resignación a su adolorido padre ¡

Glosa: Boyacá cargada de historia y aguaceros, hoy presta sus andenes, para la intemperie, con mujeres acurrucadas espulgando a sus niños con los ojos del desamparo, mientras los transeúntes fríamente y justificados por las circunstancias, les hacen el quite, y no aflojan la limosna.

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